Sin título-1Casimiro es un hombre común y corriente, es un “cubano cualquiera” como le gusta clasificarse a él mismo. Nació en La Habana, en los años sesenta, durante la mayor y última explosión demográfica que recuerde la isla. Eso lo hace más común y corriente todavía.

Según Casimiro, él pertenece a una generación que envejece sin llegar a madurar. Una generación a la que se le ha dicho todo el tiempo lo que debe hacer y hasta cómo debe pensar. Una generación a la que no se le ha permitido tomar sus propias decisiones y por lo tanto, como todo hijo sobre-protegido, es una generación incapaz de valerse por si misma. Porque sucede que a la generación de Casimiro se la educó y preparó para vivir en un mundo que no existe, ni va a existir nunca según parece. De modo que hoy, cuando los mismos padres creadores y educadores de esta generación -ya venerables y eternos ancianos- se dan cuenta que el futuro prometido no es posible, la generación de Casimiro se encuentra más perdida y fuera de lugar que una pulga en un osito de peluche.

Sin embargo, Casimiro es muy observador y analítico, tiene por demás una memoria fabulosa y ha sido testigo de numerosos eventos en sus ya cincuenta años de edad. Por eso le propuse que hiciera un blog. Que escribiera todas esas cosas que me cuenta y que piensa; y que las publicara en Internet. Su primera reacción fue reírse – es lógico, pensé, Casimiro no tiene acceso a Internet- luego me dijo redondamente que no. Yo insistí, le dije que podríamos encontrar la forma de hacer el blog, aun sin tener conexión. Pero no era eso. Me explicó que una de las primeras cosas que había aprendido en su vida era no decir públicamente lo que pensaba. Pero hay gente que lo hace, Casimiro, son pocos  pero lo hacen, le respondí yo. Sí, me dice, hay gente que lo hace, incluso de mi generación, y lo hacen porque están locos, o no les importa meterse en problemas, o un poco de las ambas cosas a la vez. Pero acuérdate que yo soy un tipo común y corriente y no estoy para esa candela. Yo noté que la actitud de Casimiro era determinante, pero quise hacer un último esfuerzo e insistir un poco más. Me parece que eres paranoico, Casimiro, le dije tratando de tocar su amor propio, por eso me sorprendió tanto su respuesta: No, lo que soy es un pendejo, no trates de buscarle palabras bonitas que eso no tiene otro nombre.  Y no volvimos a hablar del blog nunca más.

Pero esta mañana, Casimiro estaba muy tranquilo, tomándose perezosamente su primer café del día, recostado en una columna de la terraza del patio, cuando una santanilla comienza a subirle por el hombro hasta el cuello. Casimiro se sacudió la maldita hormiga de fuego y permaneció allí, soportando estoicamente el inevitable dolor, cuando me dijo de pronto: He estado pensando en ese blog. Tengo deseos de hacerlo. Es difícil comprender cómo las más pequeñas circunstancias pueden impulsar las grandes decisiones de un hombre, porque para mí que fue la santanilla. Pero no lo voy a escribir yo, continuó diciendo en voz alta Casimiro, no lo voy a escribir yo, sino tú. Yo solamente seré la tercera persona.

Y así nace este blog, en tercera persona. Un estúpido e infantil ardid de Casimiro para evitar responsabilidades si se diera el caso.

Y así ha de llamarse, uncubanocualquiera, como el propio Casimiro…

Anuncios